“Santa Lucía, quisiera pan, pan tengo y así me quedo”
Si visitas Palermo el 13 de diciembre, con una temperatura templada que puede rondar los 20 grados, podrías tener la impresión de encontrarte en una localidad brumosa del norte de Italia, pero en realidad lo que notarás es que la niebla no se debe a un fenómeno meteorológico clásico, sino gastronómico.
La ciudad, de hecho, se prepara para freír miles de arancine de todo tipo, desde las clásicas hasta las gourmet... todos los palermitanos y turistas viven esta festividad degustando las maravillosas bolas de arroz fritas y rellenas de todo tipo de ingredientes. Es el día de la fritura por excelencia; el aroma del rebozado crujiente de las arancine se percibe en el aire....
Pero procedamos en orden y empecemos por entender el motivo de todo este folclore tan arraigado entre los palermitanos:
En 1646, la ciudad de Palermo atravesaba una terrible hambruna que estaba literalmente poniendo de rodillas a la población. Muchísimas personas morían de hambre y la población se reunía en oración para pedir a los santos y a Dios ayuda para superar aquella crisis. El 13 de diciembre, día de Santa Lucía, ocurrió el milagro: un barco cargado de cereales atracó en el puerto de Palermo y, gracias a ello, la ciudad se recuperó. La población, debilitada por el hambre, decidió hervir inmediatamente el trigo sin procesarlo, para alimentarse enseguida.
Desde aquel día, la tradición palermitana establece que el 13 de diciembre, para honrar este momento histórico, se coman alimentos que contengan cereales sin procesar.
Por eso se desayuna con cuccia, un dulce preparado con trigo hervido, y se compite para ver quién come más arancine "accarne" (de carne) o "abburro" (con mantequilla), un plato típico de la tradición palermitana.




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